Europa, Grecia, Personal

Atravesando Europa. Días 8-9. Paseos, atardeceres y percances en Mykonos.

Un vuelo a las 6.40 a.m me llevaba de Atenas a Mykonos. Despierta desde las 4 de la mañana, agradecí infinitamente que en el hotel me dejaran entrar a la habitación antes de la hora.
Si bien, de entrada me parecía un poco caro para lo que era, después me gustó bastante. El personal agradable, era un poco laberíntico pero las vistas magníficas, limpio y, con una piscina que me daría la vida.

Un día en Mykonos. Vistas desde el hotel.
Vistas desde el hotel.

Había estado dándole vueltas a la idea de alquilar una moto para moverme por allí, pero al final decidí que como tampoco era una isla muy grande, entre buses y caminando me apañaría.
Si soy sincera, allí me sentía un poco perdida y limitada. No tenía muy claro qué ir a ver, si el transporte público estaría bien… Pero al llegar al hotel pude ver unos horarios de buses y también me dieron un mapita de la isla.

Un día en Mykonos. Horarios de autobús.

Llegar al centro fue sencillo, ya que apenas había 1,5 km de distancia que pude hacer caminando. En otras zonas me costaría más, no por lejanía, si no por el calor que hacía, la falta de sombras y la cantidad de cuestas que hay.

Del hotel al centro el paseo fue muy agradable. Todavía era temprano y fui bordeando la costa al tiempo que tenía unas vistas preciosas de la ciudad.

Un día en Mykonos. Del hotel al cntro.

RINCONES MÁS CONOCIDOS DEL CENTRO DE MYKONOS

El centro es precioso. Estrechas calles empedradas que serpentean entre casitas de fachadas blancas, contras azules y balcones cargados de flores.
Numerosas tiendecitas que ofrecen en su exterior un adelanto de todos los detalles y souvenirs que contienen.

Un día en Mykonos. Centro de Mykonos.

PUERTO DE MYKONOS

Con su pequeña placita rodeada de bares y restaurantes, el lugar donde la vida empieza a fluir y a concentrarse con mayor intensidad.

Un día en Mykonos. Junto al puerto.

Puedes ir hacia las calles de la izquierda y empezar a perderte por su parte más urbana y comercial, o seguir bordeando la costa y descubriendo los lugares que te sigo enumerando.

Un día en Mykonos. Bordeando el puerto.

LA PEQUEÑA VENECIA

Un día en Mykonos. La pequeña Venecia.

Pasando el puerto continuando por las calles pegadas al mar, tenemos este pequeño rincón.
La historia me pareció muy curiosa. Se llama así porque las casas aquí están construidas sobre el agua como en Venecia. Y se situaban así porque en el pasado sus sótanos fueron utilizados como depósitos de botines piratas.

Como era todavía temprano apenas había gente, pero esta es una de las zonas en las que se concentra más movimiento.

IGLESIA DE PARAPORTIANI

Un día en Mykonos. Panagia Paraportiani.

De un blanco impoluto y una construcción de más de 200 años de duración , Panagia Paraportiani es el edificio religioso más fotografiado de Mykonos.

Sus paredes encaladas de esquinas curvas, contrastaban con el azul del mar en su parte posterior.

Sencilla, diferente y llamativa.

MOLINOS DE MYKONOS

Un día en Mykonos. Los molinos desde el puerto

Creo que la imagen de los molinos es la más conocida de todas. A medida que me acercaba a la ciudad, fue de las primeras cosas que empecé a divisar. El puerto viejo, con una de sus plazas a la izquierda y los bonitos molinos al fondo.

Un día en Mykonos. Los molinos.

Están situados en una zona bastante despejada de cualquier otra construcción y, aunque hoy son elementos decorativos sin más, en su momento sí sirvieron para utilizar la energía eólica para moler grano.

Al llegar a una de las plazas principales, me encontré con que había un montón de buses a punto de salir.
Me compré una ensalada de frutas para la comida en un puestecillo y el billete para Paradise Beach, una de las playas más conocidas.

Un día en Mykonos. Mykonos desde los molinos.

Lo del bus…¡Madre mía! Menos mal que me puse rápido a la cola y me pude sentar, porque dejaron que se llenase hasta los topes. Después de agotar los asientos, la gente se distribuía por el pasillo y fue cuando no cabía ya un alfiler, cuando no permitieron subir a nadie más.
El recorrido no era muy largo pero las condiciones, seguras seguras no eran…

Un día en Mykonos. Buses abarrotados.
La foto es malísima pero refleja perfectamente la situación .

Creí que llegaría a un fiestón directamente, pero imagino que no era ni la hora, ni tal vez tampoco el mes para vivirlo.
Paradise Beach es una de las playas más famosas en cuanto a fiesta se refiere, pero al ir sola, eso me apetecía más bien poco. 

Un día en Mykonos. Paradise beach

El acceso es muy bonito.  Con paredes de formas suaves decoradas con dibujos en tonos claro y mensajes diversos. 

Un día en Mykonos. Paradise beach
Me alegré de encontrarme un sitio bonito, tranquilo y con gente de todas las edades. Desde familias con niños, a parejas y grupos de amigos.
En las pocas playas que vi, la distribución era muy similar. Hileras e hileras de cómodas hamacas y sombrillas cubiertas de algún tipo de hoja seca.

Un día en Mykonos. Paradise beach

Está nublado pero la temperatura es súper agradable. Corre una brisilla…
Estoy en una tumbona a escasos metros de agua. El sonido de las olitas envuelve todo. Es muy muy relajante. Dormito, observo a unas orientales que dan masajes…
Esta pintaba ser la playa con más movimiento pero tal vez empiece más tarde. De momento es muy tranquilo aunque se empieza a ver más gente.

Un día en Mykonos. Paradise Beach

Estuve en Paradise hasta un ratito después de comer. Decidí coger el bus más tarde, y tomar de momento un sendero que bordeaba la costa y te llevaba de una playa a otra. Así fui viendo Paragua, St.Agnes y ya por carretera tomé de nuevo el bus en Agilis.

Un día en Mykonos.
Caminos alternativos desde Paradise Beach.

Un día en Mykonos.

Un día en Mykonos.
Descansos diferentes al lado del mar.

Esa zona fue preciosa, pero después tocó caminar un rato de nuevo por asfalto y estaba agotada. Unas cuestas… Un calor… Me había quemado… Solo había comido la fruta pero tenía el estómago fatal.

Esa mañana, al llegar al hotel, estaba que me moría de hambre. Me hicieron un bocadillo que se las traía : quesitos, mahonesa, una mortadela cutre, otro fiambre que daba pavor y una hoja de lechuga . A Saber que me comí… Aún así,  en aquel momento me supo a gloria; pero me sentó de pena…
Mientras caminaba del centro donde me dejó el bus, al hotel, sabía perfectamente que era crónica de una muerte anunciada vamos.

Para más inri, tuve que desandar parte del camino porque al pararme a tomar una infusión me había dejado el móvil en el local. Menos mal que lo recuperé.

Cuando conseguí llegar, me di un baño en la piscina, vi atardecer desde allí y ya me fui a la habitación.

Un día en Mykonos. Atardecer.

No me dio una gastroenteritis tan fuerte como otras veces pero el día siguiente me lo pasé en el hotel y sin comer hasta esa noche.
De la tumbona al agua, del agua a la tumbona, ahora me duermo, ahora escribo, ahora me pongo música y me vuelvo a dormir…

Un día en Mykonos. Piscinas salvadoras.

Me perdí el ver la zona menos turística, las playas más vírgenes… Me dio bastante pena pero fríamente, el descanso me vino muy bien.

17:45 ,swimming pool. Se nota que baja el sol.
Las palomas siguen revoloteando en sus nidos en la roca. Los barcos anuncian su llegada al puerto . Trasatlánticos y buques de lujo en el horizonte …
Y descubro que hay más fauna en el hotel. Está lleno de gatos. Junto a mi habitación también había un perrito caseta incluída y, esta mañana ¡escuché incluso cabras! La pared posterior es roca y montaña ,serán salvajes imagino .
Qué hambre…

Un día en Mykonos. El hotel de los gatos.
El hotel de los gatos.

Esa noche cené un poquito de arroz con pollo y yogurt griego con miel y manzana. Después me fui a la piscina a ver la noche sobre el mar.
¡Era precioso! Los barcos iluminados, el reflejo de la luna, calor, ruido de naturaleza…
Un ratito en la terraza, otro leyendo y 10h más de sueño. Qué placer y qué relax. Al final me sentó bien el contratiempo.

Un día en Mykonos. Cae la noche.

Ayer me di cuenta de que cuando uno enferma, eso es lo único que cuenta, recuperar… Veía en la playa a mis iguales, una sí y otra también, mirándose por aquí, por allá, tapándose… Qué tristeza…         Todas nos vemos defectos y no nos damos cuenta de que nada de eso importa. No nos damos cuenta de que no hay cuerpo mejor ni peor, porque lo único que quieres es que el que tienes esté sano y fuerte.
Con hambre y debilidad, da igual que cenes ensaladas, bocadillos o platos de pasta. 
Quieres saciar el hambre y quieres curar tu cuerpo. No existen las ansiedades porque las necesidades básicas no están cubiertas.   Me gustan estos momentos en los que lo banal desaparece y puedes ver lo realmente importante.

Reflexiones, percances y descanso a parte, la ilusión del viaje seguía indemne. Todavía me quedaba volar a Hungría para conocer Budapest de una de las mejores maneras posible: corriendo su media maratón.

 

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