Europa, Francia, Relatos

La Navidad desde un cuento: Colmar – Mulhouse

Hay lugares que marcan, que llegan a nosotros de una forma especial. Que invaden uno a uno todos nuestros sentidos. Podemos tocarlos, podemos olerlos, podemos verlos, podemos escucharlos, podemos saborearlos…
Abetos y adornos, vino especiado, luces , villancicos, dulces navideños…
La Navidad en Alsacia fue abrumadora, estaba en todas partes conquistando irremediablemente nuestra alma y corazón.

Aquella era nuestra segunda mañana en Basilea. Teníamos la intención de alquilar un coche pero la falta de previsión y los precios que nos dieron, hicieron que lo descartáramos totalmente.
Fuimos a la estación y cogimos un tren que unos 20-25′ nos dejó en Mulhouse.

Callejeando en Mulhouse
Callejeando en Mulhouse

Es una preciosa ciudad alsaciana situada al este de Francia. Tras Estrasburgo, es la de mayor tamaño de la región.
El día era soleado y luminoso. Sin saber demasiado bien qué ver decidimos perdernos caminando por su calles y dejarnos llevar.

Callejeamos por la zona antigua hasta llegar a la Place de la Reunion.
Nada más llegar, lo que más capta la atención, a parte de todos los puestos del Mercado Navideño, son la noria, el Temple Saint-Étienne o Templo de San Esteban y el Hôtel de ville – Musée Historique.
El primero, con su campanario de 97 metros, es el templo protestante más alto de Francia. Cuando lo vistamos estaba en obras, pero por lo que leímos y vimos en fotos , las vidrieras de su fachada son espectaculares.

Temple Saint-Étienne y noria.
Temple Saint-Étienne y noria.
Noria desde otra perspectiva.
Noria desde otra perspectiva.

El otro edificio llamativo sobre todo por los colores y ornamentación de sus muros era el Ayuntamiento. Con su bonita escalera y sus pinturas rosadas representando los vicios y las virtudes, destaca en el fondo de la plaza.

Ayuntamiento de Mulhouse

 

Un puesto del mercado.
Un puesto del mercado.

Recorrimos todos los puestos del mercado. ¡Y no eran pocos! Abundaban los de artesanía , adornos, casitas de madera, bordados …Y cómo no, la gastronomía en forma de todo tipo de dulces y sobre todo el invento de los inventos. El remedio de los remedios para combatir el frío. El anillo para gobernarlos a todos : ¡el Glühwein !  En serio… ¿Podría estar más bueno? Es vino caliente especiado y dulce. A priori puede no parecer nada del otro mundo pero una vez que te lo sirven en esas tacitas (cada ciudad- pueblecito tiene la suya propia), que notas el calor reconfortante ya solo por tenerla entre las manos …En fin, que fue un vicio.

Compramos algún adorno navideño, hicimos la media mañana con un dulce típico, nuestro vasito de Glühwein  y sin entretenernos mucho más, volvimos a la estación para ir esta vez rumbo a Colmar. (Unos 40′ de tren más).

 
“Colmar, Magic Christmas “ rezaba el folleto informativo con el que nos hicimos al llegar. Y lo cierto es , que desde que nos bajamos del tren pudimos empezar a sentir toda esa magia.
Muy cerca de la estación y a lo largo de un parque, estaba el mercado de los abetos. Allí la Navidad olía a madera cortada. Atravesamos el parque en el que la frondosidad de los abetos y los adornos que colgaban de estos , contrastaban con la desnudez y sobriedad de las ramas del resto de los árboles.
Más adelante una pista de hielo hacía disfrutar a todos los que eran capaces de mantenerse en pie sobre ella.

Mercado de los abetos.
Mercado de los abetos.
Patinando en Colmar. Sé hábil o aterriza como puedas.
Patinando en Colmar. Sé hábil o aterriza como puedas.

Según la información que teníamos, había 5 mercados diferentes y no quisimos perdernos ninguno.
Cuando empezamos a adentrarnos en el centro, no sabíamos hacia donde mirar. Era precioso, espectacular !!!! Casas de fachadas estrechas y colores alegres . Adornos en cada rincón. Escaparates y edificios enteros completamente decorados…

Tres plantas de Navidad
Tres plantas de Navidad.
Fachadas atractivas.
Fachadas atractivas.
Más fachadas preciosas y un adorno en cada rincón.
Más fachadas preciosas y un adorno en cada rincón.
Una calle con encanto.
Una calle con encanto.

Cierto es, que era la primera vez que visitaba un mercado navideño y no tenía otras experiencias similares con las que comparar, pero para mí, hasta la fecha, creo que fue lo más bonito y especial que vi jamás.
Si de día ya estábamos maravilladas, cuando oscureció y se empezó a iluminar todo, el encanto y nuestro enamoramiento se multiplicó.

 

Mercados a lo largo del canal.
Mercados a lo largo del canal.
¡¡¡Maravilladas!!!
¡¡¡Maravilladas!!!

Habíamos tomado para comer un trozo de pizza en un puesto en la Plaza de l’Ancienne Douane. Típico no era ,pero ya que de caprichos iba el finde…
Y después de caminar , curiosear en cada puestecito y empaparnos del espíritu navideño que tanto reinaba allí, solo nos faltaba por ver el mercado de Little Venice.

A mí aquel rincón me recordaba más a Brujas que a otra cosa, pero me imagino que el puentecito que cruzaba el canal y las embarcaciones allí amarradas también tenían un aire veneciano.

Restaurantes cuyas terrazas daban al río , setos iluminados, luces proyectadas en las fachadas, más luces y reflejos sobre el agua, música….No había imagen mejor para despedirnos de nuestro pueblecito de cuento.

Little Venice.
Little Venice.
Más y más luces alucinantes.
Más y más luces alucinantes.

Colmar fue magia, fue ilusión, fue paz, fue nostalgia por querer compartir tal descubrimiento con personas que estaban lejos. Fue desconexión, fue adentrarse en otro mundo, fue la certeza de saber que en cada calle descubriríamos algo más, o al menos tan maravilloso como lo anterior….

Una hora después, de vuelta en Basilea, decidíamos que nos volveríamos a Galicia con nuestros francos suizos en el bolsillo…Por si en 2017 nos apetecía ser niñas de nuevo en los pueblecitos de los cuentos donde la Navidad no solo se celebra, sino que se vive y respira.

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